El adelantamiento de
las elecciones nacionales tuvo los efectos publicitarios que el
gobierno de Duhalde esperaba: le dio un respiro en medio de la
peor crisis, desde el momento en que la gente pasó a volcar
sus expectativas y quejas hacia los futuros candidatos. ![]()
Había bandera libre para largar las campañas y en
agosto de 2002 Juan Carlos Romero fijó -en Buenos Aires-
afiches séxtuples con su prolijo retrato junto a un extenso
enunciado de propuestas de tono racional y previsible, con las
acciones que emprendería en el caso de llegar al poder.
Logró el objetivo que seguramente perseguía, esto
es instalarse formalmente como presidenciable en la Capital, una
plaza que prácticamente desconocía su imagen. Obtuvo
sus frutos: Acto seguido Carlos Menem lo nombró su vice,
lo que debe haber colmado sus expectativas.
Rodríguez
Saa encaró una campaña rebosante
de
optimismo (al calor de las encuestas), con apelaciones a lo "nacional
y popular" del peronismo histórico, desde la propia
iconografía de su logotipo (A.: Martín García / Emilio del Guercio).
En cambio Néstor Kirchner presentaba un isologo sobrio
de estilo netamente publicitario, que integra una K con un mapa
de la Argentina.
Para despegarse
de las habituales convocatorias masivas que caracterizaron al
Justicialismo, "El Adolfo" -como lo definen desde su
propio comando de campaña- introdujo con inteligencia
un supuesto llamamiento
segmentado a "miles de líderes para refundar la Argentina".
Después, su "marcha de los sueños" se
vio acompañada por piezas gráficas dispares (generalmente
pequeñas) que evidenciaban haber sido hechas por distintos
autores en cada lugar que visitaba.
De pronto los
ciudadanos vieron desplegarse una extensa secuencia de afiches
en colores ocre-amarillento con globos de diálogo, como
se usa en las historietas, disparando preguntas que apelaban a
la memoria emotiva reciente antes que a la vieja historia, tales
como: ¿Con quién tuvimos estabilidad?, ¿Con
quién pudimos viajar y conocer?, ¿Con quién
funcionaban mejor los servicios públicos?, ¿Con
quién tuviste tu primer teléfono celular?, ¿Con
quién pudiste comprar a crédito?. Muchos no se dieron
cuenta que inmediatamente le sucedió otra vasta campaña
que cambiaba con sutileza los tiempos verbales:
¿Con quién
podríamos salir más rápido de este caos?,
¿Con quién tendríamos más chance de
volver a la estabilidad?, ¿Con quién tendríamos
un rumbo claro en política internacional?... y otro pequeño
globo con el texto coloquial "vos sabés". Es
llamativo que en esa coyuntura se haya usado como recurso el globo
de historieta, y parodiando a Lula alguien comentó "Si
la historia es para las repúblicas, la historieta es para..."
Un afiche de develación que decía "con Menem
estábamos mejor" prácticamente pasó
desapercibido, pero igual el objetivo publicitario se había
cumplido con todo éxito.
La candidata de trayectoria
multipartidaria, Patricia Bullrich, tal vez con nostalgia por
su último puesto oficial se lanzó al ruedo en setiembre
con breves consignas racionales relativas al trabajo. Más
audaz, De La Sota mostraba su amplia sonrisa desde unos afiches
de impecable factura, muy bien
fijados,
mientras que a sus espaldas se perdía hasta el horizonte
una bandera, a modo de cinta asfáltica, con el slogan "Sí,
hay salida" y algun saboteador les pegó unos cartelitos
con la inscripción "EZEIZA".
El
radicalismo hizo lo que tenía que hacer: Después
de la estrepitosa caída de Fernando De La Rúa no
tenía sentido gastar plata en creatividad, así que
a mediados de octubre los publicitarios de Moreau copiaron los
globos de historieta menemistas y les cambiaron las preguntas,
todo módicamente presentado en afichetas rojo y negro.
"¿Quién votó contra el recorte del 13%
a los jubilados?: Moreau", "¿Quien se opuso a
la privatización de las AFJP?": Moreau", "¿Quien
se opuso a las relaciones carnales con EE.UU.?": Moreau"...
Salvo algunos interrogantes en tono optimista, la campaña
parecía empecinada en sugerir que el candidato fue un excelente
opositor, y -en consecuencia- desearía seguir siéndolo.
Pero se advierte que a Moreau le faltó papel (papel afiche
y papel moneda) para dar respuesta a la contraofensiva menemista
que no se hizo esperar: Afichetas azules con el texto en blanco
"MENEM 2003" pronto fueron fijadas sobre todos los globos
de historieta radicales. La gráfica de esas afichetas menemistas,
dicho sea de paso, no tiene nada que ver con la que planteaba
prolijamente la campaña incógnita.
Por entonces,
una nueva preocupación recorría todas las agencias
de vía pública dado que la actividad se vio en apuros
por el nuevo fenómeno de los cartoneros, quienes descubrieron
que los afiches también son de papel y munidos de espátulas
procedían a arrancarlos dejando las carteleras a chapa
pelada. Hubo empresas ensayando nuevos adhesivos y otros recursos
para tratar de retomar el control. 
Entre
las curiosidades a destacar en esta contienda citemos la reaparición
de Mussa, el infatigable llanero solitario del justicialismo,
así como comenzaron a verse anuncios políticos en
Internet, como el sencillo pero efectivo GIF animado que Ramiro
Vasena puso en la web Seprin. Un verdadero hallazgo creativo fue,
sin duda, "el camioncito de Montenegro", una pickup
que recorría Buenos Aires solicitando la libertad del Coronel
Seineldín (por entonces preso, luego indultado) con altavoces
que propalaban marchas militares, en tanto el ritmo era sostenido
por un equipo de ruidosos bombistas que viajaban apiñados
en la caja posterior del vehículo, todo lo cual transmitía
al desprevenido transeúnte la impresión auditiva
de estar en presencia de una banda militar en pleno desfile.
De La Sota volvió
a la carga en noviembre de 2002 disparando una secuencia de afiches
fieles al eje gráfico de los anteriores, esta vez mostrando
imágenes de "tranquilos y agradables" trabajadores
(no tenían aspecto de adherentes a Moyano, por ejemplo)
con la consigna "Una salida para crear empleos - 50% menos
de impuesto a las PYMEs". La promesa de rebajar impuestos
era la vieja receta que le dejó el publicitario brasileño
Duda Mendonça cuando De La Sota se postulara a gobernador
de Córdoba. Se advierte que el candidato -alentado por
aquel éxito- insistió en repetir la cábala
sin igual suerte esta vez. Admitió haber invertido $ 1.300.000
en publicidad entre julio de 2002 y enero de 2003 pero las encuestas
le fueron desfavorables y Duhalde terminó dándole
su visto bueno a Kirchner.
Inmediatamente,
el microcentro porteño apareció tapizado por afiches
verticales con una foto bien trucada donde Duhalde sostiene un
muñeco con la cara de Kirchner, la única inscripción
al pie dice CHIROLITA (Así se llamaba un muñeco
famoso en la TV argentina por los años '60 y '70, que parecía
cobrar vida en las manos del ventrílocuo Chasman).
Los diseñadores publicitarios del oficialismo ahora deberían
aguzar su ingenio para resolver el logo del primer candidato a
presidente cuyo apellido empieza con "K".
Volviendo un
poco atrás, en diciembre, cuando el postulante cordobés
del PJ ya había quemado sus últimos cartuchos, Carlos
Menem empapelaba las calles con un mensaje provocador, encimando
las cinco letras que lo identifican sobre las fotos de sus adversarios.
La
línea gráfica de estos afiches no parece continuar
la campaña de los globos de historieta, y acaso recayó
en otra agencia. Pero tanto en un caso como en otro, Menem se
dio el raro privilegio de fijar fuertemente su imagen sin necesidad
de incluir el clásico retrato afichero de tres cuartos
perfil sonriendo. También en noviembre habían causado
estupor unos afiches tipográficos por donde asomaría
un nuevo candidato en puerta... Misteriosamente, fue una campaña
relámpago que se cerró con la misma rapidez que
se había abierto (foto publicada en La Razón).
Elisa Carrió
por fin asomó su faz a lo ancho de unas afichetas producidas
por su aliado el peronista disidente Juan Carlos Dante Gullo (Clarín,
8/01/03) con apelaciones como "Fuerza y empuje", pero
prácticamente no se pegaron en la gran ciudad, Lilita las
cargó en los autos para repartirlas durante su extensa
gira carretera por el sur del país. 
Simultáneamente
aparecieron los coloridos "menemtruchos tercera serie"
que esta vez prometían "10 años con seguridad"
(Clarín, 8/1/2003), como parte del escaso merchandising
que caracteriza a una campaña poco dispendiosa como ésta.
Los primeros menemtruchos fueron impresos en diciembre del '91
por Armando Gostanian, cuando éste estaba al frente de
la Casa de Moneda y decían "Un valor que estabilizó
al país". La "segunda emisión" entró
a circular en 1998 con las leyendas "Muestra de capacidad",
"10 años de estabilidad" y "Menem 1999.
Transformó y Estabilizó un país".
En
enero de 2003, los justicialistas esperaban dirimir en su interna
qué candidato los representaría en las próximas
elecciones generales, mientras los demás partidos también
estaban pendientes de la misma interna para saber contra quien
deberían dirigir, de ahí en más, su artillería
publicitaria. Después de muchas idas y venidas, el peronismo
resolvió salir al ruedo con tres candidatos simultáneos,
Menem, Kirchner y Rodríguez Saa, lo cual además
de complicarle la vida a sus adversarios, dispersaba el voto para
profetizar un balotaje inevitable.
Para su fatalidad,
Kirchner vio aparecer primero las afichetas que lo escrachaban
como "Chirolita" de Duhalde y recién después
intentó despegarse de esa imagen con un afiche de tono
institucional prometiendo "un país en serio"
desde una foto que lo mostraba pensante, con la mirada perpleja
y algo estrábica, cualidad que aún era mayoritariamente
desconocida por el público. El sol de febrero calcinaba
las calles porteñas y la publicidad política tenía
un matiz desprolijo, era claro que faltaban presupuestos y sobre
todo- candidatos con verdadero poder convocante.
López
Murphy apeló a diversos artilugios no convencionales para
hacer prensa sin costos, tales como asumir el riesgo de tirarse
a nadar en las atlánticas aguas de Mar del Plata, durante
una competencia con fines solidarios.

Inmediatamente después de la ruptura con el ARI, el socialismo lanzó su fórmula Bravo-Giustiniani en unos afiches agradables a los ojos de quienes gustan de las banderas rojas, y como muestra de lo bajo que ha caído la imagen de la política argentina, estos candidatos se contentaban apenas con prometer "decencia".
A
fines de febrero, unos afiches dedicados a un Menem golfista con
la leyenda "Síganme, que los vuelvo a defraudar"
tenían el tufillo de ser la vengativa respuesta a la campaña
"Chirolita". En tanto, millares de pequeñas afichetas
azules "MENEM-ROMERO 2003", se extendían como
la hiedra sobre las paredes neutralizando cualquier iniciativa
opositora al líder riojano. A principios de marzo, una
nueva andanada de afiches y séxtuples venían con
copyright: "Menem-Romero, una marca registrada".

Esa curiosa tendencia a mimetizarse con la publicidad comercial la siguió también López Murphy, con pocas fotos, usando un fondo azul oscuro y letras blancas, logrando afiches que recordaban a la publicidad institucional de cualquier empresa de seguros. Sin duda, una estrategia brillante si se considera el target al que apuntaba su campaña. A mediados de marzo introdujo al mismo esquema un toque de humor, comenzando la publicación de las "leyes de López Murphy", otro sano indicio de creatividad. El slogan "vamos que venimos" aludía al crecimiento en las encuestas del candidato.
Rodríguez Saa
reapareció en escena con afiches 74x110 cm. en "fijación
libre" (fuera de los circuitos de carteleras), indicio seguro
de escasez monetaria. Fiel a su perfil nacionalista que postuló
desde un principio, y manteniendo coherentemente sus isologos
de campaña, el hombre de San Luis posaba en actitud de
arenga y tras él unas torres petroleras o (en otra variante)
una locomotora con los colores de la bandera y la consigna "SOMOS
100 X 100 ARGENTINA", lo cual era todo un adelanto de la
política económica que implementaría su "Movimiento
Nacional y Popular" de llegar al poder. Apeló reiteradamente
a "refundar la Argentina" y también entremezcló
publicidad institucional de su provincia. Una primera gráfica
con escarapelas circulares, estilo que luego no prosperó,
parecía haber salido de una usina totalmente diferenciada.
La
figura del vicepresidente, que de ordinario la política
argentina relegó a un segundo plano, fue mirada con inusitado
interés después del "renunciamiento" de
Chacho Alvarez durante el gobierno de De La Rúa, y los
aspectos más grises de la campaña 2003 se ensañaron
con los aspirantes a vicepresidentes.
Tal
el caso de las afichetas "Daniel el travieso" que sucedieron
al inesperado nombramiento de Scioli como vice de Kirchner y las
denuncias publicadas por "El Guardián" sobre
los comportamientos de Gustavo Gutiérrez, el vice de Elisa
Carrió, candidata que -dicho sea de paso- continuaba sin
presentar afiches propios en la calle, a una altura de la campaña
en que todas las principales organizaciones políticas lo
hicieron.
El
Partido Obrero es una de las tantas fracciones de izquierda que
se presentaba a los comicios sin chance alguna según las
encuestas, pero su líder -Jorge Altamira- se dio el lujo
de convocar a un acto con las manos en los bolsillos, desde unos
afiches que parecen haber sido pegados por militantes de ultraderecha,
a juzgar por lo espantosamente arrugados que se veían.
Por
una vez el panorama político rompió la tradición
polarizada bipartidista que caracterizó a la democracia
argentina durante décadas, ante una crisis de liderazgos
genuinos patetizada en la presentación simultánea
de 19 candidatos para estas elecciones presidenciales, cifra que
es un exabrupto desde cualquier lado que se la mire. La ciudadanía
fue abriendo caminos poco transitados para expresar su disconformidad
y escepticismo, por ejemplo a través de sitios web proponiendo
que "sobran políticos" o "que se vayan todos"
y también mediante iniciativas tan originales como este
adhesivo que encontramos en el vidrio de una camioneta.

En toda la campaña de Menem se evitó mostrar el clásico retrato del político sonriente, y se optó por soluciones tipográficas, exceptuando algunos afiches visiblemente ajenos a la campaña central, como un penoso fotomontaje de Menem - Romero. La propaganda gris no tenía descanso, ante la inminencia de la invasión de Estados Unidos a Irak, en la noche del18 de marzo se pegaron unos afiches anónimos donde el antes "Menem golfista" esta vez aparecía ataviado con casco y rifle, y la consigna "Síganme, que vamos a otra guerra con Irak". (Foto Juan José Traverso - La Razón 19/03/2003).
Por la misma
fecha Kirchner produjo unos afiches apenas distintos de los que
había hecho antes, con la misma foto, todo igual, excepto
que se antepuso la frase "Sabe cómo hacer" a
la ya existente "un país en serio".
El
grueso de los transeúntes, ajenos a estos detallismos tipográficos,
pasaban de largo frente al cartel creyendo que era el mismo de
siempre. Desde un enfoque publicitario resulta bastante misteriosa
semejante decisión comunicacional, da la impresión
de que hubiera marchas y contramarchas (aparte de pocas ideas)
en las filas creativas del candidato oficialista. Quienes sí
parecen haber reparado en este sutil cambio de texto son los publicistas
de Menem, a juzgar por las séxtuples azules y blancas con
la inscripción "Sabe que hacer y puede hacerlo",
afiches que a primera vista parecen estar impresos solo en azul,
pero el colorido pequeño escudo nacional indica que se
utilizó fotocromía. La intensidad y variedad de
la campaña Menem-Romero trasunta la inexistencia de las
limitaciones económicas que parecen acosar a otros candidatos.
Un
absoluto desconocido, José Carlos Arcagni, lanzó
su campaña personal a fines de marzo con consignas negativas
como "no robo", "no miento", un poco la misma
línea de "promesas mínimas" que iniciaron
los socialistas ofreciendo "decencia", es decir virtudes
muy loables pero en extremo elementales, que se le pueden requerir
tanto a un presidente como a un cadete de farmacia... Si esta
tendencia a la promesa mínima crece, deberemos esperar
afiches que digan cosas como "no soy violador de menores",
o "nunca estuve en Sierra Chica".
Esta peculiar estrategia
de comunicación elemental parece haber cautivado también
a Lilita Carrió que proclamaba simplemente "mejor
la verdad" en unos logrados folletos donde sonreía
embanderada en celeste y blanco llevando al pecho una cruz de
malta mucho más discreta que el voluminoso crucifijo de
fotos anteriores. La cantidad de texto del folleto revelaba que
los partidarios de Carrió sin duda eran amantes de la lectura,
y el primer subtítulo interno "para refundar la Nación"
recordaba a una frase que algún otro candidato pronunció
antes muchas veces, y que cualquier publicitario evitaría.
Pero si hay algo de lo que nadie se dio cuenta es que el ARI cambió
varias veces de nombre desde el inicio de su campaña, y
la sigla que correspondía a "Afirmación para
una república igualitaria" antes significaba "Alternativa
para una república de iguales".
Curioso,
muy curioso.
Marzo llegaba
a su fin y una campaña de afiches en fijación libre
firmada por una agrupación de sindicatos recordaba que
"Menem lo hizo" y que -aunque no en la paridad del peso-
hemos vuelto al "1 a 1". 
Hay que destacar la actitud del radicalismo, porque mientras muchos candidatos lanzaban campañas relativas al panorama local, Leopoldo Moreau supo tomar distancia y denunciar su oposición a la guerra contra Irak en unas afichetas que a la vez recordaban el Día de la Mujer.
Pero los radicales también estaban
inmersos en otra contienda, la interna, con un nivel de agresividad
pocas veces visto en un partido que siempre se ufanó de
su tradición democrática. En ese marco, fue un acierto
darle a la campaña un tinte fuertemente institucional,
con prioridad para el escudo, centrando los títulos, con
consignas orientadas a cerrar filas y evitar deserciones ("juntos
podemos"), solo así puede explicarse la existencia
de un afiche que enumera la cantidad de cargos electivos que conserva
el radicalismo, cual recuento de sobrevivientes después
que De La Rúa abandonó el campo de batalla.
Como muestra de
que el partido también hace "economía de guerra",
a la hora de presentar su imagen Moreau sacó del arcón
la foto que ya había usado en un afiche del año
2001 (Ver aquí). En suma, una campaña coherente,
discreta y apuntando a "lo posible" (Ag.: Persuasion, A.:
Carlos Falco, Arq. Martín Baintrub). Un largo texto se
titulaba "PARE Y LEA", consigna que ya se usaba en tiempos
de la Revolución Francesa.
A pocos días
de las elecciones nacionales, el clima de
apatía reinaba en la gente, mucho más preocupada
por seguir a través de la TV los horrores de la guerra
en Irak que por saber quien sería su presidente en los
próximos cuatro años. Sin embargo, el nóvel
candidato José Carlos Arcagni logró reunir largas
filas de adeptos, luego de publicar un aviso clasificado ofreciendo
$ 50.- a quienes desearan trabajar como sus fiscales de comicio.
Contrariando
todas las previsiones presupuestarias, el propio presidente Duhalde
garantizó $ 100.- a cada presidente de mesa, atajando una
anunciada deserción masiva de los mismos.
Las campañas publicitarias seguían relativamente
austeras, con muy poca TV pero muchos afiches, para beneplácito
de las empresas de vía pública que trabajaban a
destajo con las pegatinas haciendo su agosto en abril.
Kirchner había sacado su afiche "Sabe cómo
hacer un país en serio" casi una copia del anterior-
al cual siguieron otros con el slogan en plural incluyendo la
firma de Scioli, su compañero de fórmula.
La
estrategia se completó con una secuencia de motivos mostrando
fotos y textos que decían "En un país en serio
crecer sano es un derecho" (foto de una mamá con su
bebé), "En un país en serio el hambre no existe
(y un chico de la calle junto a un auto), "En un país
en serio estudiar es la base del futuro" (y una suma hecha
con tiza) además de otras apelaciones y fotos igualmente
previsibles. Era algo molesta a la vista esa repetición
del EN ("En un país en"), que pudo
haberse evitado simplemente poniendo
"En un país
serio".
Con una tipografía gestual que rompía la gráfica
anterior, la dupla Kirchner-Scioli por primera vez tuteó
al elector, con la expresión "Al pasado ganale en
la primera vuelta", ácida indirecta que apuntaba al
menemismo.
Y a toda campaña institucionalizada, también siempre
se le suma el "fuego amigo", en este caso patentizado
por "apoyos" como los de Chiche Duhalde y Alberto Assef.


La
calle fue testigo de las diversas formas de confrontación
entre Kirchner y Menem. Por su parte, éste propuso desde
la TV que su tercera presidencia sería "la histórica"
pero a la vez sacó unos afiches diciendo que "los
argentinos merecemos vivir mejor", tiene razón porque
quedamos así después de los gobiernos que tuvimos.
Llama la atención el uso del verbo "merecer"
que es más religioso que político. Pero Menem no
es alguien que vaya a temerle a la mística, mística
que dicho sea de paso- hubiera podido ser muy explotable
en una campaña como la presente.
Pasan
los años y la psicóloga social Patricia Walsh sigue
sin encontrar un coiffeur de confianza, a la vez que pega sus
afichetas donde puede y como puede.
En
cambio, Carlos Menem llevaba al peluquero como si fuese su sombra
a todas partes, cosa que parece ignorar quien haya querido "ayudarlo"
con estos afiches del MOP (¿?) recortándole el pelo
de la manera más espantosa. Estas campañas secundarias
tan ajenas a la oficial equivalen a lo que en la guerra se denomina
"fuego amigo".
López Murphy continuaba "legislando" con frases
graciosas (como en el backlight que reproducimos) y aprovechaba
cualquier ocasión para hacer chistes, lo que a esta altura
de las cosas se le podía volver en contra: "que cuente
uno de loros" sugirió el periodista Adolfo Castelo
(Radio Mitre 7/4/03).

![]()
Las afichetas de Jorge
Altamira seguían pegándose todas arrugadas, acaso
presagiando que el hombre del PO levantaría su candidatura.
Y Rodríguez Saá repetía inexplicablemente
en diversos motivos una foto que no lo favorece, donde se lo veia
boquiabierto y exaltado, con consignas redundantes ¿además
del presupuesto se le acabaron las ideas? Qui lo saá.
Aunque
en toda campaña política interviene mucha gente
que no desea figurar, ya iban apareciendo algunos nombres de los
principales publicitarios que están detrás de cada
candidato, entre ellos Ernesto Savaglio por López Murphy,
Braga Menéndez por Kirchner, Souto por Menem, Martín
García con Rodríguez Saá y Martín
Baintrub desde el radicalismo. ![]()
Quienes nunca se darán a conocer son los ideólogos de la campaña "gris" (¿quiere leer más sobre esto?) y se dice que Evita también "está enojada" porque los responsables de estos adhesivos no serían muy peronistas que digamos.
Los
jóvenes militantes del ARI en la ciudad de Córdoba,
ante la ausencia de inversión publicitaria por parte del
partido, fabricaron afiches artesanales en hojas de diario pintadas
a mano (foto de La Voz del Interior, gentileza del JxI Córdoba).
|
|
La
campaña electoral en la última semana antes de la
elección saturó todos los medios con mensajes publicitarios
y ensució la calle con afiches que la gente arrancaba.
Una rara excepción entre los presidenciables fue Elisa
Carrió que jamás contrató carteleras, solo
fijó unas pocas afichetas pequeñas el año
anterior (ver más abajo).
El
caso opuesto era Rodríguez Saá, quien pegó
papeles de todos los formatos, colores y estilos imaginables,
como si el jefe de su campaña tirara una perinola cada
vez que eligiera un diseño. Lo único conservado
por suerte- es el logo que crearan García y Del Guercio.
Acaso el afiche más institucional que mostró es
en el que presenta a su vicepresidente, aunque la calle estaba
empapelada por afichetas con vetustas locomotoras diesel pintadas
de azul y blanco y torres petroleras embanderadas. Eso sí,
parece que le hicieron caso a las sugerencias de nuestra web:
Cambiaron la foto del candidato por una mucho más simpática,
el resto del diseño quedó sin cambios aunque hayan
tenido que pagar toda la impresión de nuevo, y eso sí
ya es inexplicable. 
En
otro afiche, "el Adolfo" posaba junto a Piumato (flagrante
fotomontaje) teniendo como fondo una bandera "de plástico".
También se lo veía más que afectuoso clavándole
la mirada a Cormillot, en tanto no se sabe donde puso la mano
izquierda. Cuesta creer la disparidad de estilos que presentó
la estrategia publicitaria del puntano, lo que a esta altura representaba
que tuvo más posibilidades financieras que unidad de criterio.
Por
suerte la publicidad en sí misma no define el resultado
de una elección, pero si así fuera, hubiera sido
posible esperar un balotaje entre Menem y López Murphy
(con sus leyes), sin duda quienes más coherencia evidenciaron
en toda la campaña. Menem, además, tuvo un ritmo
de producción publicitaria que no parecía tener
un techo económico. Sus séxtuples recordando que
"los argentinos tenemos otra oportunidad" imitaban la
pantalla de un televisor y mostraban a los candidatos aprontándose
para tomar el poder en fotos de inusual dinamismo. El fondo oscuro
ponía un clima de suspenso, tal vez algo siniestro, pero
en definitiva fueron una real innovación en el campo de
la publicidad política.

La dupla Kirchner-Scioli
bien merecía un afiche formal, prolijo, con fondo blanco
pregonando "ni un paso atrás". Todo venía
bien hasta que apareció en escena el "fuego amigo",
unas carteleras empecinadas en demostrar que los más nobles
programas de diseño gráfico por computación
también pueden usarse para el mal, como este patético
fotomontaje donde se intentó mostrar que Kirchner a Scioli
le levantaba, precisamente, el brazo. Otro motivo insistía
en reforzar el vínculo con Duhalde. Si esos afiches fueran
obra del menemismo, habría que felicitar a sus autores.

Entretanto,
las campañas políticas agregaron desorden al que
ya tenemos naturalmente en la calle. El camioncito de Montenegro
seguía propalando sus consignas por la libertad de Seineldín,
los publicistas de Menem tuvieron la excelente iniciativa de contestar
propaganda sucia con más propaganda sucia, su gran sutileza
fue imitar las afichetas del 1 a 1 (ver más abajo las originales)
pero poniéndoles frases favorables al candidato. Un original
aporte le hizo un tal Adalberto Assad reproduciendo dos tickets
de caja que muestran cuántos productos se podía
comprar en el gobierno de Menem y cuanto se podía comprar
en el 2003 con la misma plata. Evidentemente, Assad es un hombre
leal a Menem y a supermercados Coto.

Se dice que en una elección como ésta votar a los partidos chicos es tirar el voto a la basura, y Herrera de la Democracia Cristiana parece habérselo tomado muy en serio. Es el mismo que en otros afiches saluda con un "chau a todos", despidiéndose de manera anticipada.
Está
muy bien que Breide Obeid le de la mano a Ramiro Vasena en el
afiche, que a candidatos con esta estampa, mejor tenerlos de amigos.




Las afichetas "grises"
(sin firma, denostando candidatos) estuvieron a la orden del día.
"Menem al gobierno, Bush al poder", "como te digo
que sí te digo que no" y "con fiesta o sin fiesta"
por ejemplo son testimonio de este particular ensañamiento,
que hacia el fin de campaña apuntó sobre todo hacia
Menem y López Murphy.
Era inevitable
que las elecciones del 27 de abril -con 19 candidatos en carrera
incluyendo un peronismo dividido en tres fracciones- desembocarían
en una segunda vuelta prevista para el 18/05/2003, pues tanta
oferta electoral no iba a permitir que un único candidato
se alce con la mayoría. También se anticipó
según las encuestas más racionales- que Menem
y Kirchner serían los finalistas de esa puja.
En
alguna medida se trataba de una interpretación sui generis
de la Constitución -aunque pocas voces lo alertaron- ya
que el duelo finalmente se dirimía entre dos representantes
del mismo partido político.
Nunca en la historia argentina había tenido lugar esta
segunda instancia electoral. Los medios de prensa, algo confundidos
por la novedad, usaban indistintamente términos como BALLOTAGE,
BALOTTAGE y hasta un germanizado BALOTAGGE, siendo que la grafía
francesa original es BALLOTTAGE (significa "segundo escrutinio
para definir la mayoría") y la Real Academia Española
la ha castellanizado a secas como BALOTAJE, en un intento de facilitarnos
las cosas.
El menemismo encaró
esta segunda etapa de la campaña apostando fuerte a la
TV y a la prensa, mediante denuncias de complots, fraudes electorales
y sembrando incertidumbre sobre el futuro del país en un
eventual gobierno de Kirchner. La campaña del miedo ya
había sido funcional a Menem en 1995, cuando inculcaba
que de no ser reelecto colapsaría la estabilidad económica
del "1 peso = 1 dólar" y quienes estaban endeudados
no podrían cubrir sus obligaciones. Fue lo que se denominó
entonces el "voto cuota".
Pero una campaña de miedo puede volverse un bumerang cuando
el candidato se encuentra ubicado en la oposición, ya que
todo temor cualquiera sea- hace más conservador al
electorado volcándolo hacia el oficialismo. En los afiches
y afichetas se lanzó slogans como "juntos vamos a
cambiar la historia", "con Menem ganamos todos"
y otro demasiado elaborado que decía "En vez de volver
a cambiar por otro presidente débil, aprovechemos un presidente
que cambió".

Pocos días después
de la primera vuelta, unos afiches que manifestaban "Ahora
Kirchner presidente" insólitamente parecían
repetir el trillado slogan de Alfonsín en el '83. Por suerte
duraron poco en la calle y fueron sucedidos por una feliz apelación
aglutinante "Argentina unida", introduciendo un sutil
pero beneficioso cambio tipográfico. Los motivos sostenían
la línea gráfica de toda la campaña kirchnerista,
de marcado tono institucional, con un límpido contraste
entre el blanco y un celeste intenso.
De contrapartida, la suciedad continuó presente en las
paredes con afichetas anónimas contra uno y otro bando.
Resurgió el fotomontaje de "Chirolita", esta
vez diciendo "Basta de De Las Rúas", en tanto
"Menem almeja, se entierra con su propia lengua" parece
haber sido la oscura respuesta callejera. 
En la semana previa a la segunda vuelta, Menem resolvió
levantar su candidatura (todas las encuestas le eran muy desfavorables)
y Kirchner, tras haber resultado segundo en la primera votación,
pasó a quedar consagrado presidente. Hubo un poco más
de "propaganda sucia" (como las ingeniosas fajas "FUISTE")
en tanto las pautas publicitarias existentes eran removidas de
los medios, ya no quedaba nada para decir.
Lo
bueno y lo malo, todo había terminado.
Los
sempiternos anuncios gubernamentales previos a los comicios, invitando
a "votar en paz" habían invadido los televisores
antes del 27 de abril. Son ese tipo de spots que bajo una fachada
informativa tienen el tufillo de ofrecer un subliminal empujoncito
al candidato oficialista. En cambio, cuando Carlos Menem retiró
su candidatura, ninguna publicidad alertó al ciudadano
sobre la cancelación del comicio, como si se hubiera confiado
en que la información al periodismo dada por Menem alcanzaba.
O como si se hubiera pensado que Néstor Kirchner ya era
virtual presidente y no había motivos para incrementar
el gasto publicitario.
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