UN LIBRO REVULSIVO
Política de la ilusión
de Ric Duró
"La sustracción
del pensar, que implica la puesta en circulación de un
'pensamiento enajenado', la 'ilusión' de creer que se
piensa, es una de las mayores catástrofes humanitarias
actuales".
En el
año 2003 tomamos contacto con Duró por primera
vez. Fue en un panel donde se hablaba de las elecciones municipales
que estaban por realizarse en la ciudad de Buenos Aires. En esa
ocasión impresionó con su estilo, alejándose
del previsible discurso futurológico que suelen hacer
los "expertos" sobre los resultados comiciales. En
cambio, Duró esbozó una metáfora de Buenos
Aires como una ominosa "Ciudad Gótica" donde
los personajes parecían reducirse a caricaturescos villanos
enfrentados a superhéroes de la política, en tanto,
allá abajo, los grises habitantes (reales) poca cosa podían
hacer para modificar ese dramático decorado virtual que
los envolvía.
Ahora Duró acaba de sorprendernos con un libro, del cual
ya la contratapa advierte que "no es prolijo", "está
lleno de líneas de fuga" y peor aún-
"confunde". Flaco favor al librero le hace el comentarista
insistiendo en que "exige más de una lectura, pues
no tiene 'un' sentido. Incluso, quizá carezca de claridad".
Y lo peor es que el comentarista tiene su razón. Porque
Duró es un filósofo en el sentido primario del
término, alguien que -a más de abrevar en Nietzsche
y Baudrillard- es capaz de cuestionarse todo, hasta lo que acaba
de decir, pero como también es un emergente de la cultura
de la fragmentación, su libro no está ordenado
en capítulos, más bien está fragmentado
en capítulos, a menudo inconexos. En la tapa llegó
al punto de fragmentar su propio nombre, presentándose
como Ric en vez de Ricardo.
Aunque a vuelo de pájaro, parece tocar casi todos los
temas políticos actuales con cuestionamientos implacables,
luego abandona los interrogantes abiertos, para rápidamente
cambiar de tópico y dejar más puntas sueltas en
su madeja. No hay traición, porque este libro es una "obra
abierta", en el mejor sentido que imaginara Umberto Eco,
ya que invita al lector a completar contenidos participando en
un foro de internet (ciudadpolitica.com) donde incluso puede
polemizar con el autor. Esa interactividad es novedosa, y anticipa
que los libros del futuro podrán integrarse al universo
digital en vez de plantearse el escenario de pugilato entre "Gutenberg
vs. Bill Gates" que algunos analistas avizoran.
Duró afirma que la tarea de la filosofía es "impulsar
al límite las hipótesis y los procesos, aún
cuando puedan resultar catastróficos... La filosofía
'es' si 'desajusta' los acomodamientos a líneas
reflexivas preexistentes" y, más aún, "implica
un acto de creación". Con esta premisa replantea
los "grandes temas de la política" y
devela que -en realidad- suelen ser un compendio de lugares comunes.
Por ejemplo, nadie sabe a qué nos referimos exactamente
cuando se habla del "bien común", o aquella
trillada frase "la política es el arte de lo posible"
donde "lo posible" se estira hasta el límite
de constituir un embuste, o al decir "esta guerra es
inhumana", siendo que la guerra es un producto humano
por excelencia, que no preexiste en la naturaleza. El autor se
pregunta por qué antes se hablaba de "pueblo"
y ahora de "multitud", nos recuerda que el "estado"
no es otra cosa que un constructo mental, y que un concepto
usualmente indiscutible como "seguridad" merece
revisarse, pues vivir 'en un sistema de seguridad' es algo diametralmente
opuesto a ser más libre. Igual tratamiento cuestionador
reciben asuntos como "la educación", "el
poder", "el soberano" y hasta "el
terrorismo".
Acusa a la política actual de sostener "el pensamiento
estúpido", que se traduce por ejemplo- en
el elogio de la ejecutividad instantánea, de las decisiones
rápidas y fuertemente mediatizadas, desprovistas de proyecto
y menos aún de consenso, esa valoración absurda
de la inmediatez que marcaría el triunfo político
del slogan "no sé lo que quiero pero lo quiero
ya".
Firme en su estilo dark, Duró pinta un presente
global tenebroso, bosqueja una "sociedad PsicoBioPolíticamente
intervenida", una organización social normalizada
en todos sus aspectos. "Al estar reglada" -explica-
"no necesita que sus integrantes sean controlados; esta
sociedad genera sujetos de los cuales se conoce su comportamiento
previamente". Así, las conductas resultarían
de un "formateo" prediseñado que "es
reforzado 'en tiempo real' por la esfera cibermundial de información
y flujo de valores preestablecidos".
Una consecuencia de este sistema sería el surgimiento
de lo que denomina "neosubdesarrollo", determinado
por una política que no reconoce al individuo como sujeto
político, el cual debe permanecer "en espera"
frente a lo prometido que nunca llega, como espectador permanente
en un mundo mediatizado, donde las únicas alternativas
de acción son la apatía y la violencia.
Llegados a este punto, el autor sobrevive al desolador universo
en que venía buceando, y parece bastante dispuesto a vindicar
el sentido existencial del hombre. Tal vez lo más revulsivo
de su pensamiento sean las "bases críticas para
educar al futuro". Indica que si el futuro se nos presenta
como azaroso, como devenir, es señal de que no ha sido
diseñado por nosotros sino planificado "PsicoBioPolíticamente"
por "Otro". No necesitamos "conocer"
el futuro, necesitamos "hacerlo" y eso supone
el desafío intelectual de concebir el presente como
una consecuencia del futuro, y no del pasado. En palabras
más sencillas, el presente no debería estar al
servicio de la inmediatez (pensamiento estúpido) sino
de lo que vendrá (planificación del futuro). Sostiene
que la habitual invocación a la "memoria" apenas
es funcional para repetir lo pasado, y vuelve a citar a su querido
Nietzsche: "sólo se pasa de una etapa a otra de la
vida, olvidando".
Y teníamos pensada una excelente frase para rematar este
comentario bibliográfico pero, justamente, acabamos
de olvidarla.
Rubén Morales
Política de la ilusión:
Bases críticas para educar al futuro, Ric Duró,
Ediciones Del Signo, Buenos Aires, 2005.
|